Un día, mientras caminábamos, mi nieto, de secundaria, recogió algo del suelo.
“¿Que encontraste?” Le pregunté.
“Una lengüeta. Nuestra escuela las está recolectando”, respondió. “Con ellas hacen sillas de ruedas”. Sonreí para mis adentros, pensando divertido que se había creído la leyenda urbana de que las sillas de ruedas se podían hacer con lengüetas de aluminio derretido de latas de refresco.
Durante décadas, la gente ha creído esta historia. March of Dimes (Canadá) decidió aprovechar la situación para facilitar la recolección de lengüetas para una buena causa. Reciben bolsas llenas de ellos, recogidos por escuelas y otras organizaciones, y los venden a un centro de reciclaje. Los ingresos se utilizan para comprar equipos de movilidad, como sillas de ruedas, para personas necesitadas. Esa es la verdadera verdad.
“Las personas que no son espirituales no pueden recibir… verdades del Espíritu de Dios… sólo aquellos que son espirituales pueden entender lo que el Espíritu significa.” (I Corintios 2:14 NTV)
Así como la percepción de mi nieto era limitada, también lo es la comprensión de aquellos que confían en la sabiduría humana en lugar de la sabiduría revelada por el Espíritu de Dios. Cualquier cosa espiritual no tiene sentido para los incrédulos: no pueden comprenderlo.
“La gente del mundo ‘sigue sus instintos naturales porque no tienen el Espíritu de Dios en ellos’” (Judas 1:19 NTV
¿Cómo podemos nosotros, que somos cristianos, explicar las maravillosas buenas nuevas de Dios a aquellos que no pueden asimilarlas?
El proceso comienza con la oración.
“en el poder del Espíritu Santo”. (Judas 1:20 NTV)
“Ora siempre y nunca te rindas”. (Lucas 18:1 NTV)
“Arad la dura tierra de vuestros corazones”. (Oseas 10:12 NTV)
Debemos orar continuamente para que el Espíritu ilumine la mente de los incrédulos, arando la dura tierra de sus corazones, para que ellos también puedan nacer de nuevo y poder apreciar las cosas maravillosas que Dios quiere darnos.
“Cuando yo [Pablo] vine por primera vez a ustedes, queridos hermanos y hermanas, no usé palabras elevadas ni sabiduría impresionante para contarles el plan secreto de Dios”. (I Corintios 2:1 NTV)
Por el contrario, usó “las palabras del Espíritu para explicar verdades espirituales” (I Corintios 2:13 NTV) Simplemente soltar palabras, cuando se comparte la buena nueva con los incrédulos, es como un niño que cree que se pueden construir sillas de ruedas con materiales derretidos. -pestañas. Como el niño, el incrédulo no percibe la verdad real. Simplemente no lo entiende.
Prepararnos en oración nos equipa para hablar las palabras del Espíritu, de modo que los corazones de los incrédulos puedan recibir la verdad. Cuando tenemos “la mente de Cristo” (I Corintios 2:16), las palabras que pronunciamos pueden dar lugar a resultados espirituales. Recordemos preparar los corazones de nuestros amigos y familiares incrédulos orando por ellos, antes de intentar explicarles la verdad de Dios.
Alicia Burnett
Red Deer, Alberta, Canadá
Traducido por Pascal Lambert
