“Sólo tengan cuidado y cuídense mucho para que no olviden las cosas que sus ojos han visto ni las dejen ir de su corazón todos los días de su vida. Enséñenlas a sus hijos y a sus descendientes.” (Deuteronomio 4:9 NVI)
Mis perros y yo damos diez vueltas diarias a nuestra media hectárea cercada para hacer ejercicio. Últimamente he notado que veo un tenue contorno del camino que hemos recorrido durante el último año. Nuestros pies han comenzado a trazar nuestra ruta y, a medida que continuemos con este hábito, espero que el camino se haga mucho más evidente a medida que el suelo bajo nuestros pies se desgasta cada vez más.
Esto me recuerda el mandato del Señor a su pueblo, en la escritura de hoy. Los exhorta a cuidar de sí mismos en su caminar espiritual. Deben ser constantes y diligentes para no olvidar todo lo que le han visto hacer. Su fidelidad nunca se apartará de sus corazones, jamás. La palabra “desliz” se define como perder el equilibrio sin querer, por un corto tiempo (Diccionario Oxford). Si alguna vez has tenido un desliz, sabes muy bien lo rápido que sucede y cuando menos lo esperas.
De igual manera, olvidar todo lo que Dios nos ha enseñado y hecho también puede ocurrir rápida e involuntariamente. La vida nos atrapa con su ajetreo, la enfermedad nos deprime, los buenos momentos nos envuelven en su placer, la pereza nos dicta que podemos dejar de lado los hábitos espirituales, al menos por un tiempo, y antes de que nos demos cuenta, ya no pensamos en el Señor muy a menudo. Él sigue ahí, pero en las sombras en lugar de estar al frente de nuestro caminar diario. Así de fácil es resbalar, y cuando ocurre, si no nos damos cuenta rápidamente y recuperamos el equilibrio, el camino espiritual que dejamos para que otros lo sigan, ahora y después de nuestra partida, puede fácilmente desvanecerse.
Por lo tanto, recordemos, como dijo el Señor, ser cuidadosos y vigilar atentamente: vigilar la actitud de nuestro corazón, nuestros pensamientos y nuestros hábitos espirituales de leer y conocer la Palabra, tener comunión con otros cristianos y elevar nuestra voz en alabanza y oración. Porque si vigilamos atentamente, no resbalaremos. Nunca olvidaremos todo lo que Él ha hecho por nosotros a través de su palabra y sus obras, para que el camino que dejamos atrás a diario, así como después de que Él nos haya llamado a casa, permanezca brillante, claro y bien definido, para que otros lo vean y lo sigan.
Oración: Padre Dios, recuérdame ser cuidadoso y vigilar atentamente mi caminar espiritual contigo, para que otros puedan ver y seguir el camino piadoso que recorro en mi vida. En el nombre de Cristo. Amén.
Lynne Phipps
Tawatinaw, Alberta, Canadá
Traducido por Pascal Lambert
