Select Page

Mi setter irlandés decidió que comer abejas era bueno y, como teníamos un enjambre de ellas alrededor del porche, se puso manos a la obra con ganas. Una hora después, su cara, enormemente hinchada, reveló la evidencia de su locura.

Benadryl redujo la hinchazón, pero ese no fue el final de la historia. Ruby empezó a picar donde le habían picado. Esto, a su vez, la llevó a rascarse y desgarrarse con las uñas una zona de la mandíbula inferior. Cuanto más se rascaba y desgarraba, peor se ponía la situación, hasta que tuvo dos heridas abiertas, de casi dos centímetros y medio de largo y varias capas de tejido profundo. Le tomó más de un mes aplicar crema antibiótica a diario, además de usar un cono en la cabeza para evitar rascarse más, antes de que estas heridas autoinfligidas sanaran.

Este incidente me hizo recordar cómo yo también puedo desgarrarme mental y emocionalmente cuando la vida me hiere por mis propios errores. Digo algo que desearía no haber dicho. Sin darme cuenta, dejo caer cosas. Olvido una ocasión importante. Una decisión equivocada trae consecuencias indeseadas. Mi temperamento se enfurece y se enciende, algo que probablemente nos sucede a todos con frecuencia, ya que somos humanos y estamos destinados al pecado y al error. Sin embargo, estar enojado, impaciente, humillado o harto de mí mismo, y criticarme constantemente por estos asuntos, no mejora mi situación. Al contrario, la agrava, empeorándola.

Las Escrituras nos recuerdan:

“Sean completamente humildes y mansos; sean pacientes, soportándose unos a otros en amor.” (Efesios 4:2 NVI)

“La respuesta amable calma el enojo, pero la palabra áspera aviva el furor.” (Proverbios 15:1 NVI)

“Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de entrañable compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia. Sopórtense unos a otros y perdonen cualquier queja que tengan unos contra otros. Perdonen como el Señor los perdonó.” (Colosenses 3:12-13 NVI)

Estas palabras de sabiduría, al aplicarlas no solo a los demás, sino también a nosotros mismos, actúan como un bálsamo calmante y sanador para las heridas que nuestras acciones nos infligen de vez en cuando.

Aprender a ser amables, indulgentes, bondadosos, pacientes y compasivos con nosotros mismos es, de hecho, un acto de humildad, ya que nos recuerda nuestra propia fragilidad e imperfección, y nuestra necesidad de un Salvador que nos ame y perdone todas nuestras insensateces, ya sean involuntarias o intencionales, con solo pedirlo. Así pues, dejemos de lado la punzada de la autocrítica negativa y el abuso mental cuando sintamos que hemos fallado, y en su lugar, apliquemos las palabras de la Escritura de hoy a nosotros mismos. Al hacerlo, la ira, el odio, la impaciencia y demás sentimientos similares serán reemplazados por el toque sanador del amor, la paciencia, la bondad y el perdón de Dios.

Oración: Señor Dios, ayúdame a aprender a ser paciente, amable, indulgente y gentil conmigo mismo cuando sienta que he fallado o he sido imperfecto. En el nombre de Cristo, lo pido. Amén.

Lynne Phipps
Tawatinaw, Alberta, Canadá

Traducido al español por Pascal Lambert

Categories

Archives