“Le traían niños pequeños a Jesús para que les impusiera las manos, pero los discípulos los reprendieron. Al ver esto, Jesús se indignó y les dijo: ‘Dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan, porque de quienes son como ellos es el reino de Dios’.”
(Marcos 10:13-14 NVI)
Mi nieta menor estaba ocupada haciendo una manualidad mientras yo escribía. De repente, estaba de pie junto a mí y me hacía esta pregunta mientras me mostraba su logro: “¿Estás impresionada conmigo, abuela?”.
Me impresionó mucho su trabajo. Pero me impresionó aún más su corazón abierto y honesto, que le permitió saber que podía venir y hacerme esa pregunta. Mientras sus palabras resonaban en mi mente el resto del día, recordé que, como hijos de Dios, Él quiere que seamos igual de abiertos y honestos con Él. Él quiere que sepamos que todo lo que le pidamos o le digamos está bien, porque Él nos escucha y comprende por completo. Sabe cuándo necesitamos un poco de elogio o aliento. Entiende cuando nuestros pensamientos no coinciden con los suyos, y cuando somos abiertos y honestos con Él al respecto, Él puede guiarlos con delicadeza y transformarlos para que se conviertan en pensamientos piadosos. Cuando pecamos y esperamos que nadie se entere, Él anhela que nos acerquemos a Él y lo compartamos abiertamente. Él ya lo sabe todo, pero su corazón aún anhela escucharlo directamente de nuestro corazón.
¡Qué maravilloso Dios y Padre es Él para cada uno de nosotros! Un Padre que anhela intimidad con nosotros, que acudamos a Él para hablar de todo y de cualquier cosa. Nada es demasiado grande ni demasiado pequeño, demasiado feo o sucio para presentárselo, aunque Él es el Rey de reyes y Señor de señores.
¿Te impresiono, abuela? Una pregunta abierta y honesta de la boca de un niño confiado y humilde. Que nosotros también, hoy y todos los días, nos esforcemos por ser tan abiertos y honestos, como hijos confiados y humildes, con nuestro Dios y Padre. Al hacerlo, podemos saber que, así como me impresionó el logro de mi nieta y su fe infantil en mí, Él también se impresionará con nuestro deseo de intimidad con Él y nos recompensará como corresponde.
Oración: Padre Dios, gracias por amarnos con un amor tan alto, profundo y amplio que no hay nada de lo que no podamos hablar contigo. Ayúdanos a recordar que deseas y recompensas un corazón abierto, honesto, confiado y humilde. El tipo de corazón que allana el camino hacia la verdadera intimidad contigo. Bendícenos con corazones así ahora y para siempre. En el nombre de Cristo oramos. Amén.
Lynne Phipps
Tawatinaw, Alberta, Canadá
Traducido al español por Pascal Lambert
